Laura Jennifer Angulo Quintana
Laura Devos

Sobre un poeta en Nueva York

Oficina y Denuncia: Federico García Lorca

Antes de leer “Poeta en Nueva York” de García Lorca, quería conocer esa ciudad.

Tal vez para no dormir durante algunos días…
Tal vez para estar ahogada en un metro de múltiples líneas y conexiones junto a diez millones de personas que se levantan día a día para tener en su mesa un pato, un cordero, una vaca o un cerdo.

Estaba decidida a fotografiarme en el Central Park: la gran mentira humana que nos hace creer que, en medio del ladrillo y la ventana, está natura y sus maravillas.
Finalmente –me dije en muchas ocasiones-, allá está el símbolo de la libertad, la sede de Naciones Unidas… Algo bueno tendrá que tener la sede del mercado desaforado.

Luego de leer “Poeta en Nueva York” de García Lorca, aún quiero conocer esa ciudad.
Supongo que mi alma que atraviesa la juventud se acostumbró desde niña a escuchar que aquí también corren ríos de sangre –humana-.
No se hacen multiplicaciones, ni sumas porque tenemos una división perpetua.
Aquí el Magdalena no toma aceite; su borrachera se debe al guarapo fermentado con dolor y anestia.
Por aquí también pasó el tren, pero explotó en injusticia.
Existen no sólo montañas aisladas: hay cañón, nevado y cordillera, manchados con la sangre de cuerpos en trozos.

Existían anteojos de sabiduría. También lo sé. Pero nunca denunciaron: prefirieron escoger un sólo color en la bandera: algunos el rojo, otros el azul. Empacaron maletas y fueron a buscar oficina en Nueva York.

Por eso, yo escupo hacia el lugar por donde pasan sus aviones. 

Laura Jennifer Angulo Quintana. Bogotá D.C., Julio 21 de 2009