Laura Jennifer Angulo Quintana
Laura Devos

De esta gerbera blanca de Siete veces Siete emerge la tinta de mi imaginación enraizada a la tierra a través de varios elementos de la Sagrada Naturaleza.
En esta flor YO SOY ESCRITO, te ofrezco diferentes textos que he escrito desde mis 10 años y que he atesorado como pétalos en mis cuadernos de escritura.
Para elegir estos escritos que ahora son tuyos, tuve en cuenta su alegría, belleza, majestuosidad, ligereza, pureza y fuego.
En cada uno se “dibuja” la maternidad, la familia, la escolaridad, la sanación, los viajes, lo espiritual o lo poético. Así, cada uno es simbolizado con el mar, las raíces, las rosas, el sauco, el tronco, la montaña o la piedra turquesa.

Raíces - La tierra natal

Los colores, las formas y los perfumes de las diversas frutas de mi país natal, visten estas líneas de “raíces”.
Agradezco a Colombia el ser testimonio de la generosidad sin límites y de un “empuje” cotidiano sin igual. Agradezco la felicidad pura en medio de la que nací y crecí.   
Honro mis tejidos ancestrales que se componen también de hilos sueltos y de sombras.  Reconozco y deseo sanar a través de mis escritos el dolor, lo atroz, lo cruel…
Mi intención es que estas “raíces” sigan expandiéndose para relatar historias “simples” como aquellos “mandados” a comprar 100 pesos de pan o una bolsa de leche; o como los paseos de olla al rio o las procesiones de Semana Santa. También es mi deseo que estas raíces sean lo suficientemente sólidas para un día albergar historias “complejas” como el libro de la historia de mis dos abuelas maternas.

Montañas - Los viajes

Los escritos que leerás en “montañas” contemplan algunos trozos de viajes a diferentes destinaciones y también algunos trazos de viajes en el fondo de mi Alma.
Ha sido un hermoso privilegio:

  • Recorrer templos y catedrales y admirar sus colores, vitrales y esculturas.
  • Apreciar el olor de las especies y el sabor de las naranjas bajo las palmeras.
  • Nadar en ríos que parecen mares.
  • Esquiar en medio de pinos vestidos de blanco majestuoso.
  • Observar el arco iris formado por las cataratas.
  • Sentir tormentas de viento en playas gigantescas.
  • Respetar como peregrina cada pueblito en donde la vida parece detenerse.
  • Observar el intercambio cultural en un metro o en una prefectura.
  • Admirar la velocidad de un tren que recorre el campo con olor a queso, vino y champagne.
  • Descubrir el degradé de azules marinos que arrullan las casas de piedra blanca lisa y sólida en medio de mil olivos.
  • Escuchar las campanas anunciando tanto y tanto.
  • Ser conductora de bicicleta y pedalear mi destino.
  • Comparar lugares monárquicos y de grandes castillos con la historia que se escribe en el cotidiano.
  • Vibrar con el paso de un jeep en las más altas cordilleras.
  • Rezar en medio de la selva acostada en una hamaca para que la tempestad se calme ahuyentada por los tigres escondidos y las pirañas dormilonas.
  • Degustar exquisita y heterogénea gastronomía…

Para esos lugares sin relojes, sin resultados, para esos lugares con Dios, con los seres amados…
Para esos lugares de puertos, de salares, de exposiciones transportando a las galaxias de lana y arequipe…
Para esos lugares de las mil y una noches, generosos, diferentes, similares…
Para esos lugares de misticismo sublime, de escritores míticos…
Para  esos lugares que nos invitan a portar un sombrero y sonreír al sol.
Para esos lugares que sensibilizan el cotidiano y nos permiten detenernos a oler rosas, abrazar árboles y a masajear pinos de sabor cítrico bosque…
Para esos lugares de miel conocidos y por conocer: MUCHAS GRACIAS.

Sauco - La sanación

En el mes de noviembre del año 2010 se abrió en Portugal y en Francia una historia médica con la frase "bouffées delirantes aiguëes", y en diciembre del mismo año apareció en Colombia un diagnóstico de “trastorno bipolar” para una joven de 23 años que recién terminaba su Maestría en derecho del arbitraje y comercio internacional.
Esa joven soy yo, y hoy comparto en homenaje a todos aquellos que han hecho frente a una enfermedad, algunos trozos íntimos de este ámbito de mi vida.

Decidí nombrar estos poemas “sauco” pues recordaré siempre las aguas aromáticas que, con esa hierba, mi abuela materna, María Aracely Caro Gonzalez, me preparó.
Espero que estos escritos lleguen a ti, como las agüitas aromáticas de una abuelita que sana con magia amorosa cualquiera de nuestros males. 

Lo primero que te cuento, es que, a lo largo de este camino, he dialogado con diferentes especialistas de salud que manejan distintas posiciones sobre mi situación. Varios de ellos me han invitado a no encasillarme con un diagnóstico y enfermedad de “bipolaridad” sino con una “fragilidad”, y con unas “defensas hipomaníacas” que por momentos pueden surgir. He aceptado esa invitación desde una óptica de sanación.
Sin embargo, sé que para mí curación, es necesario que cotidianamente siga un tratamiento de “base” y que en caso de alerta tome sedantes y medicamentos que me permitan volver a la estabilidad emocional.

En efecto, desde los primeros picos de mis crisis, inicié un tratamiento médico y varios años después fui consciente de la necesidad de llevar a cabo un tratamiento terapéutico que acompañara la búsqueda constante, la revolución en mi ser, el dolor para el árbol familiar, el pasado turbulento, el amor heroico, los rezos profundos, y todo lo demás que despierta una fragilidad a nivel psiquiátrico.

Desde mis 23 años, sé entonces lo que es el “zolpidem”, el “risperdal”, el “ácido valproico”, la “quetiapina”, el “tercian”, el “lamictal”, el “litio” y algunos otros más… Sé también lo que es un delirio, un desequilibrio de los neurotransmisores, una actividad o una inercia extrema a nivel mental, el peligroso insomnio, el descanso obligado, el flotar en un lugar que no es la realidad consciente con voces, gritos, miedos, interpretaciones, misticismo y en dos ocasiones con bomberos y hospital.

El amor ha sido mi más dulce salvación. Y solo puedo manifestar un profundo GRACIAS a mi esposo y a toda mi familia y amigos y también a todos los terapeutas y guías espirituales con quienes he aceptado, aprendido y madurado a través del dolor y la alegría que me ha entregado la “fragilidad” llamada científicamente “bipolaridad”.

He valorado la suprema importancia de contar ante todo conmigo misma, he puesto en marcha el termómetro antes desconocido de la mesura, he entendido que este camino no tendrá fin en esta encarnación. Fue mi elección antes de nacer, como se leería en el universo del Alma.